sábado, 27 de febrero de 2010

erotika´s




























Fotografía, pintura, escultura de

Denny Lugli







Atelier XX



























video



Alfred Cheney Johnston - Ziegfeld Girl







viernes, 26 de febrero de 2010

esclava XXXI










Die sklavin -the slave-, oil on canvas
Marcel René Herrfeldt (1889-1965)




oriolano II











Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento para mi corazón.

Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.
Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.




A mi gran Josefina adorada





Miguel Hernández







*Fotografía: AleKsandra -deviantart-




jueves, 25 de febrero de 2010

Lectoras XXI










VAGINA DENTATA



Debía de medir aproximadamente un metro ochenta e iba vestida de negro de pies a cabeza. Vestía pantalones, botas y cazadora de cuero y un jersey de cuello de cisne, y cargaba con una enorme mochila de cuero negro. Llevaba el pelo corto y la cara lavada, sin una pizca de maquillaje, ni tan siquiera la consabida raya en los ojos que las mujeres suelen considerar imprescindible. Tampoco lo necesitaba, puesto que su rostro poseía unas facciones regulares, un óvalo casi perfecto, una nariz rectísima, una boca fina pero bien dibujada y unos ojos luminosos y rasgados perfectamente encajados bajo unas cejas de corte clásico. Combinaba la cara y el cuerpo de una modelo con el desaliño de una estudiante de filosofía, ajena a las vanidades y las frivolidades de la moda, o el de una mujer perfectamente segura, sabedora de que su belleza no necesita ornato para realzarse.

- Buenos días- dijo ella, y su voz era grave, modulada, enérgica pero no estridente, tal y como él la había imaginado-. En primer lugar necesito una cuerda, no muy gruesa. Flexible, pero, eso sí, muy solida.
- Una cuerda de nylon- sugirió él, intentando recuperar la voz que se le helaba en la garganta.
- No, nylon no, tiende a deslizarse y cerraría demasiado los nudos.
- Quizás una cuerda de escalada-sugirió él-, pero tendría usted que buscarla en una tienda de deportes, y son carísimas…
- También quería un garfio, como para colgar una planta en la pared. Pero tiene que ser resistente- añadió.
- ¿Cuánto peso debe aguantar?- preguntó él.
- Unos ochenta kilos- respondió ella sin vacilar.
- Una planta muy pesada- observó él.
- Y también un juego de candados- continuó ella, indiferente a la observación-. Pero que se abran todos con la misma llave. Varios candados con sus propias llaves podrían suponer un problema. Y unos cinco metros de cadena, del mismo grosor, no sé… como una cadena para el perro… exactamente, una cadena para un perro. Ésa me parece perfecta. Cuatro collares de perro… negros, con remaches plateados. Y velas, velas neutras, de fontanería, no de las de cera virgen, que ésas dejan marcas.








Él iba y venía del mostrador enseñándole el género y ella iba eligiendo y rechazando sin el menor asomo de vacilación. Finalmente, cuando ella se dio por satisfecha, él envolvió todo (garfio, escarpias, cuerdas, cadena, velas, juego de candados, dos collares para perro y dos para gato) en el mismo paquete y ella pagó con una amplia sonrisa de ochenta vatios. Sus ojos brillaban como una caja de luz. Pensó en seguirla y dejarlo todo, pensó en su novia y en su madre –pupilas vigilantes, retinas reticentes- que le esperaban en casa a la hora de comer, con la comida hecha y servida; y en su vida, ya dispuesta de antemano, igual que los cubiertos sobre la mesa. Y mientras lo estaba pensando, Raquel llegó a la puerta, la abrió y la cruzó, dejando atrás la ferretería, y arrastrando tras de sí el sentido de la vida con la misma fuerza con la que el remolino del desagüe se lleva el agua de la bañera al quitar el tapón. Y lo dejó boqueando de agonía, como taladrado por una broca del trece.



Nosotras que no somos como las demás
Lucía Etxebarría




corsé XII



























































Volker Diekamp
VD Foto&Design




miércoles, 24 de febrero de 2010

lunes, 22 de febrero de 2010

el poeta de Sinera







ASSAIG DE CÀNTIC EN EL TEMPLE



Oh, que cansat estic de la meva

covarda, vella, tan salvatge terra,

i com m'agradaria d'allunyar-me'n,

nord enllà,

on diuen que la gent és neta

i noble, culta, rica, lliure,

desvetllada i feliç!

Aleshores, a la congregació, els germans dirien

desaprovant: "Com l'ocell que deixa el niu,

així l'home que se'n va del seu indret",

mentre jo, ja ben lluny, em riuria

de la llei i de l'antiga saviesa

d'aquest meu àrid poble.

Però no he de seguir mai el meu somni

i em quedaré aquí fins a la mort.

Car sóc també molt covard i salvatge

i estimo a més amb un

desesperat dolor

aquesta meva pobra,

bruta, trista, dissortada pàtria.







Ensayo de cántico en el templo

¡Oh, qué cansado estoy
de mi cobarde, vieja, tan salvaje tierra,
y cómo me gustaría alejarme,
hacia el norte,
en donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
despierta y feliz!
Entonces, en la congregación, los hermanos dirían,
desaprobando: «Como el pájaro que deja el nido,
así el hombre que abandona su lugar»,
mientras yo, bien lejos, me reiría
de la ley y de la antigua sabiduría
de mi árido pueblo.
Pero no he de realizar nunca mi sueño
y aquí me quedaré hasta la muerte.
Pues soy también muy cobarde y salvaje
y amo, además,
con desesperado dolor,
a esta mi pobre,
sucia, triste, desdichada patria.




Salvador Espriu i Castelló (10 de julio de 1913- 22 de febrero de 1985)






*Escultura: Manuel Cusachs
-escultura inspirada en el poema de Salvador Espriu-






sábado, 20 de febrero de 2010

Plegarias XVII







digitalbondage

































Matteo Alfonsi








viernes, 19 de febrero de 2010

humor VII








Está ocupada. La cita es mañana por la noche.








Apesta ser cebo pervertido







Es degradante, es misógino, y es necesario ajustar el tobillo derecho






Vivir en un barrio confictivo tiene sus compensaciones





Dave Annis






Útil










































































serie completa






*Fotografías: Ken Marcus