miércoles, 18 de marzo de 2009

El vicio inglés II











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Según Meibom el semen no se produce en los testículos sino en dos vesículas o vasos seminales (vas, en latín –receptáculo-) que se encuentran junto a los riñones. Denomina lombes (la región lumbar –los lomos- como centro de la fortaleza y de la capacidad de generación) a esta zona vagamente delimitada. Los renes (riñonada) forman parte de los lomos y administran la generación.
Cuando el líquido seminal segrega y está caliente, desciende desde la zona a lo largo de un sistema de venas y arterias (seminaria vena, arteria seminaria) hasta llegar a los respectivos testículos. A continuación se produce la descarga, ya en emisiones nocturnas involuntarias (nocturnas in somno pollutiones), ya en la unión carnal. Extrañamente no hace referencia a la masturbación.
Lo que ocurre a los hombres que necesitan el remedio de la flagelación para despertar su sexualidad dormida es que los órganos internos de la región lumbar han llegado, por razones ignoradas, a enfriarse, en el sentido literal de la palabra. De ahí resulta, según Meibom, que la flagelación aplicada a la parte baja de la espalda y a las nalgas calienta el área afectada interior, el calor de tal manera generado se transmitirá a los órganos productores de esperma, y que el semen calentado y con el vigor recobrado descenderá a los testículos, provocando la excitación. La teoría es muy directa en su sencillez, muy mecánica, y se reduce a un simple problema de frío y calor.


A pesar de la inexactitud de los presupuestos anatómicos de Meibom, su teoría establece que:


--la flagelación es un estimulante sexual.
--la flagelación está relacionada con la impotencia.
--los azotes con finalidades sexuales se aplican siempre en la baja espalda y nalgas.

--que el sujeto pasivo se siente avergonzado por tener que recurrir a semejante ceremonia. (Meibom no hace referencia al sujeto activo ni a su posible estimulación -elemento sádico de la flagelación-). *


*Su teoría no tiene en cuenta en ningún caso a las mujeres sea por desconocimiento o por negación de su posible estimulación sexual en recibir o dar azotes.








La obra de Meibom tuvo repercusiones en el mundo de la medicina y su teoría sobre la mecánica de la flagelación aceptada sin suscitar grandes críticas entre sus colegas. Durante el siglo XVII el texto de Meibom fue objeto de diversas versiones populares.
Al mismo tiempo salió a la luz lo que Havelock Ellis calificó de “el más antiguo caso, concretamente descrito, de placer sádico ante la visión del acto de azotar, que ha llegado a mi atención“. Se relata en una carta fechada en 24 de febrero de 1672 dirigida por el célebre doctor Johann Matthias Nesterus a su amigo Christian Friedrich Garmann:


He conocido íntimamente a un hombre de gran erudición, cuyo nombre omitiré para no menoscabar su honra, que, cuando ve, en la escuela o en cualquier otro lugar, cómo se castiga a un muchacho, bajándole los calzones y azotándole, y oye sus gritos, expele inmediatamente semen en gran profusión, sin tensión ni erección alguna del pene, aunque en tal estado de confusión mental que poco le falta para perder los sentidos, y lo mismo le ocurre a menudo mientras, dormido, sueña esa escena.

Evidentemente, Ellis no conocía el cuadro de la Flagelación de Cristo atribuido al pintor catalán Lluís Borrassà, en que el elemento sádico de la flagelación se expresa de manera sorprendentemente explícita. Ni a reparado en que, en el Poema de mio Cid, hay una escena de azotes (en “La afrenta de Corpes”) con evidentes rasgos de sadismo.


A fines del siglo XVII, las ideas de Meibom eran también conocidas por los teólogos. Que la Iglesia Católica conocía dicho tratado queda demostrado en la obra del Abbé Boileau "Historia Flagellantium de recto et perverso flagrorum usu apud Christianos", Paris, 1700 (Historia de los flagelantes y del recto y perverso uso de las varas entre cristianos). Y en la enconada controversia que provocó su publicación. Esta curiosa obra, cuya primera edición apareció sin que constara el nombre del autor, fue publicada, traducida al francés, en Ámsterdam, el año 1701, al parecer sin autorización de Boileau. En 1732 apareció la segunda edición de la traducción, que es el texto al que aquí se hace referencia.
Su obra es, esencialmente, un intento de demostrar que la cotidiana aplicación de la “disciplina voluntaria”, es decir la autoflagelación, en conventos y monasterios es una innovación reciente, desconocida en la Iglesia primitiva, y que tal práctica es contraria a la voluntad divina. Boileau nos dice que, en su tiempo, estaban en boga dos formas de disciplina eclesiástica, la sursum disciplina o “disciplina alta” (que se aplicaba a los hombros, por lo general desnudos), y la deorsum disciplina o “disciplina baja” (que se aplicaba a las nalgas y muslos desnudos). Boileau no se muestra contrario a la mortificación de la carne, en sí misma, ya que, revistiendo diversas formas, es práctica arraigada en la Iglesia, sino que sólo se opone a la obsesiva autoflagelación, separada de las otras formas de penitencia. Sostiene que las referencias que la Biblia hace a la flagelación, a los castigos con golpes de vara, etc., fueron escritas con la finalidad de que se interpretaran metafóricamente y no en sentido literal.
Boileau nos dice que la “disciplina baja” es especialmente peligrosa, y nos da sus razones. Resume a Meibom y hace constar la fuente.
Da una rápida exposición de la fisiología de la espina dorsal, Boileau se refiere a los peligros físicos sujetos a la “disciplina alta”. Debido a ellos (principalmente el riesgo de lesiones en los ojos), los capuchinos y muchas órdenes de monjas habían abandonado la “disciplina alta”, prefiriendo la “baja”. Pero, con ello, muy bien cabía la posibilidad de que hubieran saltado de la sartén para caer en las brasas ya que la flagelación de los lomos “es mucho más peligrosa, por cuanto los males del alma son más temibles que los del cuerpo”.
Los lomos están íntimamente unidos por ligamentos musculares externos e internos a las nalgas, y que éstas, a su vez, están vinculadas con el pubis (os pubis), y que de ello se sigue que, cuando la flagelación se aplica a las nalgas, “los espíritus animales son impelidos violentamente hacia el os pubis, con lo que provocan movimientos lascivos, habida cuenta de la proximidad de las partes genitales”.
La explicación de Boileau no es tan fantástica como la de Meibom, pese a que se en ella se basa. Reproduce los ejemplos de Meibom ya expuestos anteriormente y concluye que todos debemos meditar estas graves materias, “me complazco en creer que todos estarán de acuerdo en que la disciplina baja casi siempre ha sido considera, no sólo uso moderno e inútil, sino también malo, vil, de mala reputación”.











Las insinuaciones de Boileau provocaron las iras de numerosos eclesiásticos, entre ellos, Jean-Baptiste Thiers, “Docteur en Théologie et Curé de Vibraye”, quien publicó la contestación a Boileau, en París, el año 1703, con el título Critique de l’Histoire des Flagellans.
Thiers defiende la “disciplina voluntaria” y su propósito es dejar sentado que la autoflagelación, se practicaba en la Iglesia primitiva, y que es legítimo practicarla en los tiempos modernos. Interpreta en sentido literal las referencias bíblicas a castigos divinos. Insiste en que Cristo fue el más alto exponente de la flagelación voluntaria (la “alta”) argumentando que hubiera podido evitar su flagelación de haberlo deseado. Procura dejar claramente establecido que aquellos que se flagelan a sí mismos, lo hacen animados por las más puras intenciones, con la doble finalidad de “reprimir los desordenados movimientos de la carne” e imitar la flagelación de Cristo.


¿Hay acaso insulto más grave a estos santos hombres y santas mujeres que se aplican la disciplina baja cual decir que son supersticiosos idólatras, que carecen de sentido común y de pudor, que viven en la ignorancia y en el error, y, en resumen, que son unos falsarios”.


Thiers ni tan siquiera intenta contradecir las teorías de Meibom, tal como las expone Boileau, acepta tácitamente que bien puede darse una relación entre la “disciplina baja” y el instinto sexual, pero se niega a entrar en materia. (en la Inglaterra victoriana se adoptó una actitud parecida, en lo referente a las consecuencias sexuales de los azotes).



El vicio inglés I




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